¿Realmente pagamos por el servicio que las eléctricas no nos prestan?

Cada cierto tiempo surge una recurrente polémica sobre si las eléctricas “nos estafan” con el término fijo de la factura. Ya sabe, esa parte que en el sector conocemos como término de potencia, que no depende de las vueltas del contador (esto es, del consumo), sino de la potencia que hayamos decidido contratar con la compañía y que limita el uso simultáneo de nuestros electrodomésticos. Si conectamos demasiados aparatos a la vez y superamos la potencia contratada, “nos saltan los plomos”.

El argumento es sencillo: en realidad las eléctricas no dimensionan sus redes para atender toda la potencia contratada sino sólo una pequeña fracción de ésta. Para precisar, tenemos contratados 175.000 MW en total cuando la demanda máxima del sistema se sitúa en torno a los 40.000, más o menos el mismo valor que nuestra red puede soportar. Si todos utilizáramos nuestra máxima potencia a la vez, el sistema se vendría abajo. Conclusión: pagamos más de cuatro veces la potencia que necesitamos, lo que nos supone un sobrecoste de unos 7.000 millones al año.

 

Factura de la luz

Argumento correcto. Conclusión errónea.

Las eléctricas hacen bien en no dimensionar sus redes por encima de lo necesario (no olvide quién acabaría pagando el exceso que jamás se utilizaría). El problema es que el reparto del coste de esas redes no es el adecuado. En efecto, si las redes se dimensionan para atender la máxima demanda en un momento determinado, el coste debería repartirse entre los consumidores en proporción al uso que hagan de ella en ese momento.

Por ejemplo, si el momento crítico del sistema se produce el segundo miércoles de febrero a las 10 de la noche, no se me debe cobrar a mí lo mismo que a mi vecino si él está consumiendo su potencia contratada a esa hora mientras que yo lo hago a las seis de la tarde, cuando la demanda global es muy inferior.

Alguien me dirá que, sobre el papel, es buena idea; pero imposible de poner en práctica. Respondo: para los consumidores industriales se lleva haciendo desde tiempo inmemorial. Ciertamente sus contadores son más avanzados que los clásicos contadores domésticos; pero no son mejores que los nuevos contadores inteligentes que nos están instalando gradualmente en todas las casas hasta 2018.

La realidad, por tanto, no es que paguemos 7.000 millones de más, sino que hay quien paga lo que correspondería a otro.

Fuente: 20minutos.es

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